El embajador chino

Por aquella época, el embajador chino en Hong Kong era un dragón. Pero no figurativamente, en realidad era un dragón. Nunca lo vi lanzar fuego por la boca, pero en ocasiones soltaba un hálito de humo. Era un dragón de lo más educado y cortés. La persona con mejores modales. Un gentleman. Pero había algo en su mirada que hacía imposible negociar con él. Y su presencia en el puerto le daba una importancia superlativa al imperio chino. Hong Kong era el punto de comercio más importante entre oriente y occidente desde la guerra del opio. Los intereses comerciales fueron la causa de muerte del último dragón chino.

Sin embargo, lo más peculiar del embajador era su mascota, un pequeño conejillo de indias que fumaba con boquilla y se llamaba Juan Gris.

Y unos registros del proceso de creación.

Tinta china sobre cartulina Mont-val 240gr.


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